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Un niño muere cada 10 minutos en Yemen, al ras de la catástrofe

Yemen ya era el país más pobre del mundo árabe, bajo las tres décadas del gobierno de Ali Abdullah Saleh, quien acumuló entre $ 32.000 millones y $ 60.000 millones en coimas por concesiones de explotación de petróleo, según la ONU, y en 2012 dejó el poder bajo la presión de la Primavera Árabe.

El expresidente, que fue asesinado en 2017 tras abandonar a los rebeldes hutíes, apoyados por Irán, para unirse a la coalición liderada por Arabia Saudita, nunca descansó en su afán por recuperar el poder.

En 2014, los hutíes, entonces aliados con Saleh, tomaron el control de Sana, la capital, y las tres ciudades más grandes de Yemen. En marzo de 2015, la coalición saudí inició una brutal guerra para restaurar en el poder al presidente yemení, Abd Rabbo Mansur Hadi.

En tres años, los combates suman más de 10.000 muertos, 1.500 de ellos niños, la mayoría civiles, según Naciones Unidas (ONU). El organismo advierte que Yemen está al borde de una catástrofe humanitaria y que más de la mitad de la población, 14 millones, están en condiciones previas a la hambruna. Unos 500.000 niños están desnutridos y muchos morirán en los próximos meses.

“Un niño muere cada 10 minutos debido al conflicto… 70%  de las niñas se casan antes de los 18 años como estrategia de supervivencia … uno de cada cuatro yemeníes está desnutrido…”, refiere la ONU.

Sin embargo, las cifras son mucho más altas, registra un reporte del Washington Post que cita a oenegés, según las cuales son unos 50.000 los fallecidos y casi 130 niños mueren a diario debido a enfermedades.

El asesinato del periodista saudí, Jamal Khashoggi, en el Consulado saudí en Estambul, levantó la polémica en torno al príncipe heredero Mohamed bin Salman, cuestionado por vulnerar los derechos humanos en su país y por la feroz guerra que lidera contra Yemen.

El conflicto es en su mayoría desconocido para los estadounidenses, cuyos militares han respaldado la campaña de la coalición saudí.

La crisis aumentó tras el recrudecimiento de los combates en la ciudad portuaria de Hodeida, en manos de los rebeldes hutíes, por donde ingresa el 80% de ayuda extranjera. De los 600.000 habitantes, cerca de 445.000 personas han huido.

Investigadores de la ONU dijeron que todos los actores del conflicto cometieron crímenes de guerra potenciales. Pero es poco probable que Bin Salman sea interpelado un día por su papel en esta guerra.

“El asesinato de Jamal (Khashoggi) muestra un escenario claro: los occidentales no tienen ningún rol inmediato en todo esto”, dijo Farea Al Muslimi, investigadora asociada al círculo de reflexión Chatham House. Más del 98% de las armas importadas en Arabia Saudita proceden de Europa y EE.UU., según el Instituto internacional de investigación de la Paz de Estocolmo.

El presidente estadounidense, Donald Trump, dijo que no le gustaba “la idea de poner fin” a la venta de $ 110.000 millones en armamento.

Para Kristine Beckerle, especialista en Yemen para Human Rights Watch, cada yemenita víctima de un bombardeo de la coalición saudí “merece la atención tanto como un periodista del Washington Post”.

La ofensiva en Hodeida pone en peligro el reparto de ayuda y las negociaciones de paz lideradas por la ONU. Treinta y cinco oenegés reclamaron un “cese inmediato de las hostilidades”.

El pasado 30 de octubre, EE.UU. pidió el fin de los combates y que los actores retomen las negociaciones de paz en un plazo de 30 días.

En septiembre, una mesa de diálogo organizada por la ONU resultó un fracaso.

Fuente: Diario El Universo

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Pepe Simancas

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